terça-feira, 23 de setembro de 2014

San Pío De Pietrelcina - Primer Sacerdote Estigmatizado - Fiesta Septiembre 23

Foto del Padre Pío en 1919

Fechas en la vida del Padre Pío

  • Mayo 25 de 1887. Nace en Pietrelcina, sur de Italia.
  • Mayo 26 de 1887. Bautizado con el nombre de Francisco (Forgione).
  • 1897. Primera comunión.
  • Enero de 1903. Entra en el convento de los capuchinos en Morcone.
  • Enero 22 de 1904. Primera profesión religiosa.
  • 1904 - 1907. Hace sus estudios de filosofía.
  • Enero 27 de 1907. Su profesión perpetua y solemne.
  • 1907 - 1909. Hace sus estudios de teología.
  • Julio 18 de 1909. Recibe el diaconado.
  • Agosto 10 de 1910. Es ordenado sacerdote en Benevento.
  • 1910 - 1915. Tiene que irse a vivir en Pietrelcina en casa de sus padres, a causa de sus continuas enfermedades.
  • Septiembre 20 de 1910. Recibe las cinco heridas pero invisibles.
  • Agosto 26 de 1912. Se siente herido por un dardo de fuego de amor hacia Dios y hacia el prójimo.
  • Viernes Santo de 1913. Se le aparece Jesús llorando a causa de los sacerdotes infieles e indignos.
  • 1915 - 1918. Prestando el servicio militar en el ejército.
  • 1918. Enviado a trabajar en San Giovanni Rotondo.
  • Septiembre 20 de 1919. Recibe del Crucifijo los estigmas o cinco heridas visibles, sangrantes.
  • Enero 3 de 1929. Muere la madre del Padre Pío.
  • 1931 - 1933. Por un decreto queda recluído en el convento sin poder tratar con la gente de fuera.
  • 1933. El Papa Pío XI declara que el Padre Pío queda libre del anterior decreto.
  • Mayo 16 de 1947. Primera piedra de la Casa Alivio al Sufrimiento.
  • Mayo 5 de 1956. Inaugura la Casa Alivio al Sufrimiento.
  • 1957. El Papa Pío XII concede al Padre Pío plenos poderes para disponer de los bienes de la clínica sin necesitar permiso de sus superiores.
  • Octubre 9 de 1958. Muere Pío XII el gran amigo del Padre Pío.
  • 1959. Consagración del nuevo Santuario de Nuestra Señora de las Gracias, en San Giovanni.
  • Agosto 6 de 1959. La Virgen de Fátima le obtiene milagrosamente la curación de una gravísima enfermedad.
  • 1960. Visita de Maccari.  El Padre Pío queda supervigilado hasta 1964.
  • 1961. Hace testamento declarando que todo lo que administra le queda a la Santa Sede.
  • Septiembre 23 de 1968. Muerte del Santo.
  • Mayo 2 de 1999. El Papa Pablo VI lo BEATIFICÓ en una solemnísima celebración en Roma.
  • Año 2002. CANONIZADO, o declarado SANTO por el Sumo Pontífice Juan Pablo II.
Historia

El Padre Pío nació en el seno de una humilde y religiosa familia de agricultores, el 25 de mayo de 1887, en una pequeña aldea del sur de Italia, llamada Pietrelcina. Recibió su primera instrucción de un maestro privado y a la edad de 15 años hizo su ingreso en el Noviciado de los Padres Capuchinos en la ciudad de Morcone. De débil salud, pero de excepcional fuerza de voluntad, pudo completar sus estudios y gracias a una continua asistencia divina tuvo la ansiada ordenación sacerdotal.

El 10 de agosto de 1910 celebró su primera Misa, en la Catedral de Benevento. Ocho años más tarde, el 20 de septiembre de 1918, aparecieron visiblemente las llagas de Nuestro Señor en sus manos, pies y costado izquierdo del pecho, haciendo del Padre Pío, el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (recuerden que San Francisco no era sacerdote).




Fue heroico en su apostolado sacerdotal, que duró 58 años. Grandes multitudes, de todas las nacionalidades pasaron por su confesionario. Las conversiones fueron innumerables. Diariamente recibía centenares de cartas de fieles, que pedían su consejo iluminado y su dirección espiritual, la cual ha significado siempre un retorno a la serenidad, a la paz espiritual y al coloquio con Dios. Toda su vida no ha sido otra cosa que una continua oración y penitencia, lo cual no impedía que sembrase a su alrededor felicidad y gran alegría entre aquellos que escuchaban sus palabras, que eran llenas de sabiduría o de un extraordinario sentido del humor.

A través de sus cartas al Confesor, se descubren tremendos e insospechables sufrimientos espirituales y físicos, seguidos de dicha inefable, derivada de su íntima y continua unión con Dios, que fomentaba su ardiente amor por la Eucaristía y por la Santísima Virgen.


El Papa Juan Pablo II lo conoció personalmente en 1947, poco después de su ordenación sacerdotal. Según rumores, el Padre Pío profetizó que aquel joven sacerdote sería un día Papa. El Señor lo llamó a recibir el premio celestial el 23 de septiembre de 1968. Tenía 81 años. Durante cuatro días su cuerpo fue expuesto ante millares de personas que formaban una enorme columna que no conoció interrupción hasta el momento del funeral, al cual asistieron más de cien mil personas.

Millones visitan su tumba en el pueblo de San Giovanni Rotondo, Italia. Entre ellos el Papa Juan Pablo II. El Padre Pío está sepultado en la cripta del Santuario de Nuestra Señora de las Gracias. San Giovanni Rotondo es visitado por un número siempre creciente de peregrinos de todo el mundo.

Los preliminares de su Causa de Beatificación y Canonización se iniciaron en noviembre de 1969. Declarado Venerable el 18 de diciembre de 1997 y Beato, el 2 de mayo de 1999. Será declarado Santo el 16 de junio de 2002, en la Plaza de San Pedro en Roma, por S.S. Juan Pablo II.



El 24 de abril de 2008, se veneró en San Giovanni Rotondo (Italia) el cuerpo incorrupto del Padre Pío.


Narraciones de sus tentaciones, escritas por el Padre Pío
en cartas a su director espiritual

"La última noche la pasé malísimamente. Desde las diez, hora en que me acosté, hasta las cinco de la mañana, cuando me levanté, el malhechor no hizo otra cosa que molestarme continuamente con pensamientos de desesperación y de falta de confianza en Dios. A ratos me parecía que iba a perder la cabeza y que esta noche iba a ser la última de mi vida. Pero bendito sea Jesús que ninguna de esas cosas ha sucedido. A las cinco de la mañana cuando el malhechor se alejó empecé a sentir un terrible frío por todo el cuerpo y esto me duró unas dos horas. Terminé echando sangre por la boca".
El 18 de enero de 1913 escribía:
"Anoche los impuros enemigos de Dios me atacaron con ruidos endiablados y presentándose en figuras horribles. Cuando vieron que a sus tentaciones les respondía con oraciones y que sus ataques resultaban vanos, se me lanzaron encima, me golpearon, lanzaron al suelo los libros y voltearon los muebles, lanzando gritos desesperados".
El 13 de febrero escribe:
"Llevo ya 22 días en los que Jesús permite a estas bestias feroces desahogar su ira contra mí. Tengo el cuerpo totalmente golpeado a causa de los golpes que ellos me han propinado. En este tiempo tan frío, con varios grados bajo cero, me quitan las cobijas y me tengo que quedar así por varias horas porque pierdo las fuerzas y no soy capaz de moverme... El demonio hace cuanto puede por alejarme de Jesús pero no lo logra conseguir. Hay momentos en los que me siento desfallecer por tantos ataques. Oh, Padre mío, cuántas lágrimas, cuántos suspiros dirijo al cielo para verme libre y vencedor de tan terribles ataques. Pero en todo esto brilla una luz de esperanza: después de tan horrendas horas de apariciones y tentaciones, siento las dulzuras maravillosas que Jesucristo hace gozar a quienes se mantienen fieles a su santa amistad".
Su arma preferida:
El Santo Rosario

¿Quién podría contar los rosarios que el Padre Pío rezó en tantos años? Siempre llevaba la camándula en su mano. Y tenía rosarios en todas partes: debajo de la almohada, en los bolsillos, en la mesa. Se podía llamar "El religioso del rosario". Decía que el arma predilecta con la cual derrotaba a los enemigos del alma era el Santo Rosario.

Un día que estaba en cama enfermo, notó que se le había extraviado su rosario y le dijo al padre enfermero:
"Por favor, busque dónde se me ha quedado mi arma de combate"
El otro entendió y se fue a buscarle su camándula. Todo rato libre lo dedicaba a rezar el rosario, meditando los misterios. En su cuaderno de apuntes escribió:
"Cada día rezaré cinco rosarios de quince misterios cada uno"
Últimos consejos del Padre Pío

Unos días antes de su muerte, se le acercaron algunos devotos y le pidieron:
"Padre, ¿qué consejos nos deja de recuerdos?"
Y él respondió:
"Amen mucho a la Virgen Santísima y háganla amar. Recen el rosario. Récenlo siempre. Récenlo cuántas más veces puedan. Recuerden que quien más reza tiene más posibilidades de salvarse, y quien menos reza, tiene más peligro de condenarse. El rosario es la oración que triunfa de todo y de todos"
La boleta de entrada

Un día lo visitaba el obispo Monseñor Pablo Corta, acompañado de un militar, y el prelado le pidió al Padre Pío que le consiguiera al oficial del ejército una boleta para entrar al cielo.

El Padre Pío sacó una camándula y entregándosela al militar le dijo:
"Ésta es la mejor boleta y recomendación para que al morir lo dejen entrar a la Patria Celestial. Recuerde que María Santísima es la Puerta del cielo. Si usted reza cada día con devoción el Santo Rosario, la Madre de Dios le conseguirá de su Hijo Jesucristo, la entrada a la Gloria Celestial"
¿Sufrió el Padre Pío
ataques del demonio?


Todos los biógrafos del Padre Pío están de acuerdo en que las intervenciones diabólicas en la vida de este santo sacerdote son algo desconcertante. El demonio lo atacaba con terribles tentaciones contra la fe, y contra la confianza y la misericordia de Dios. Le presentaba horrendas imaginaciones impuras y pensamientos de desesperación. Y cuando el "malhechor", como lo llamaba el Padre Pío, no lograba derrotarlo en nada, lo atacaba con gritos, ruidos horribles y tremendos golpes contra ese pobre cuerpo ya tan enfermo del buen religioso.

Repetidas veces, al entrar en su celda, el Padre Pío encontraba sus cosas en desorden, las mantas de su lecho y sus libros desparramados, y la pared llena de manchas de tintas. Espíritus extraños se le aparecían bajo distintos aspectos, a menudo vestidos de frailes. Una noche se dio cuenta de que su cama estaba rodeada de monstruos horribles que lo recibieron con estas palabras:
"Mirad, el santo va a acostarse"
"Sí, con vuestro desprecio", fue la respuesta del Padre Pío
Entonces los monstruos lo empujaron, lo zarandearon, lo arrojaron al suelo y contra las paredes, como tantas veces lo hicieron al Cura de Ars, San Juan Bautista Vianney.

Cierta noche vio entrar en su celda a un monje que le recordó por su aspecto a Fray Agustín, su antiguo Confesor. El falso monje le dio consejos y lo exhortó a dejar esa vida de ascetismo y de privaciones, afirmando que Dios no podía aprobar tal sistema de vida. El Padre Pio, estupefacto de que el Padre Agustín le dijera tales cosas, le ordenó que gritase junto con él:
"¡Viva Jesús!"
El extraño personaje desapareció de inmediato, dejando tras de sí un olor pestilente, sulfuroso.

Don Salvador Panullo cuenta un incidente ocurrido en los primeros años de sacerdocio del Padre Pío, cuando aún no estaba estigmatizado. Don Salvador relata lo siguiente:

"Un día, le entregué al Padre Pío una carta del Padre Agustín, su superior. Sólo encontré una hoja en blanco dentro del sobre. Pensando que se trataba de una distracción del Padre Agustín, pedí al Padre Pío que escribiese a su superior para preguntarle qué había querido decirle. El joven Pío me contestó:
"Oh, esta es una de las bromas favoritas del diablo. No hay por qué preguntarle al Padre Agustín lo que escribió. Yo lo sé, porque me lo dijo mi ángel de la guarda"
Y a renglón seguido, reveló a Don Salvador el contenido de la carta. Éste, previas averiguaciones hechas al Padre Agustín, tuvo que reconocer la exactitud de las palabras del Padre Pío.


Don Salvador, abriendo otro día una carta del Padre Agustín, sólo encontró en ella una enorme mancha de tinta. Creyendo estar alucinando, llamó a su sobrina y ésta comprobó la misma cosa. Entonces roció el papel con agua bendita. Lentamente fue desvaneciéndose la mancha y de a poco apareció la escritura en rasgos muy firmes. 

En septiembre de 1947, una pobre italiana poseída por el demonio, fue llevada a la fuerza por sus hijos a la misa del Padre Pío. Apenas llegada a la iglesia, la desdichada se puso a dar alaridos como cada vez que veía un templo o una Cruz. Sus gritos y blasfemias rompieron el silencio en el preciso momento en que el Padre Pío daba la comunión a los fieles.
"Hacedla salir", ordenó el sacerdote
"¡Antes me matarían!", vociferó la posesa
Entonces, elevando la Hostia consagrada por sobre el copón, el Padre dijo solemnemente:
"Ya es tiempo de que ésto se termine"
La mujer cayó con violencia en tierra. ¿Muerta? No. El vencido era el demonio. Pocos segundos después la mujer se levantó perfectamente serena y fue a sentarse en un banco, liberada de las cadenas del maligno.

                                                                                    Bella Frase

Un día, ante la noticia de grandes sufrimientos que estaba padeciendo la gente, exclamó:

"Ah, si yo pudiera acabar con todos los sufrimientos del mundo...", pero luego se retractó y dijo esta bella frase:

"¿Y quién soy yo para pretender corregir lo que Nuestro Señor permite? Todo sucede para bien de los que aman a Dios. Hágase siempre su santa voluntad"





Amar a todos


Una de sus recomendaciones más frecuente era ésta:

"Amen, amen a todos, amen mucho. Basta apartar el corazón de todo aquello que sea desorden y que sea pecado. Amemos siempre, pero sobre todo amemos a Dios, que es el supremo y mayor bien que existe. Junto con Dios hay que amar también a las creaturas que Él ha creado. El amor lo colocó Nuestro Señor en el corazón para que amemos. Con tal de no amar a las creaturas más que a Dios o lo mismo que a Dios, amemos a todos, que el verdadero amor viene de Dios. Amemos todo lo bueno que hay en el mundo. Todo esto es creación del buen Dios, y los inventos los ha inspirado Él para nuestro bien. Toda la creación es obra del amor de Dios y nosotros debemos amar a esta creación que Él ama tanto también"



Los éxtasis y las visiones

Los éxtasis son un carisma muy especial que consisten en perder por unos minutos la noción del tiempo y del sitio donde uno está, y trasladarse mentalmente hacia el reino sobrenatural y a la vida divina del cielo. En estos éxtasis se presentan frecuentemente visiones de seres celestiales, como Jesucristo, la Virgen y los santos. El Padre Pío le contaba a su director espiritual que a él le permitió Dios tener éxtasis desde los cinco años. Pero también desde esa edad el diablo se le aparecía en forma de bestias horribles.


Las apariciones

En el noviciado y en el convento de Venafro y también en Pietrelcina, tuvo varias apariciones. En sus éxtasis se le aparecían Jesucristo, la Santísima Virgen, su Ángel Custodio y San Francisco. Esos éxtasis duraban media hora y a veces más. A su director espiritual le contaba por carta lo que había visto y oído en esas apariciones y añadía:

"Después de ver y oír todo ésto ha quedado mi alma en una paz y una alegría tales, que todos los goces de este mundo parecen nada comparados con lo que allí se goza"

Los resultados: Después de estas visiones quedaba el Padre Pío más y más convencido de su propia nada y de su indignidad y con un desprendimiento total de las cosas terrenas. Sentía un hondo pesar al constatar que sean tan poquitas las personas que buscan a Dios, y un consuelo inmenso al darse cuenta de la infinita bondad de Nuestro Señor, y en su alma brotaba un anhelo incontenible de dar gracias al Creador por sus grandes bondades para con nosotros.


Su trato con el Ángel de la Guarda

La gente llegó a convencerse de que el Padre Pío lo sabía todo y que su Ángel Custodio lo mantenía informado de lo que necesitaba saber. Esta creencia era exagerada, pero lo que sí es cierto es que en la vida del santo sacerdote hubo intervenciones muy especiales de su Ángel de la Guarda. Veamos algunos ejemplos:

Mensajes por los aires. Cuando le prohibieron comunicarse por carta con sus penitentes, varias personas le preguntaban:
"¿Y ahora qué hacemos para hacerle llegar nuestros mensajes?"
Y él respondía:
"Mándenlos por medio del Ángel de la Guarda"
Una devota tomó a la letra esta recomendación y un día al ver que no podría llegar a tiempo a la Santa Misa del Padre (que era muy temprano), le dijo al Ángel:
"Por favor, dígale al Padre Pío que me espere unos minutos, y en señal de que sí me hizo este favor, escóndale el solideo o gorro que se pone en la cabeza para el frío"
Aquella madrugada el padrecito demoró más que de costumbre para salir a celebrar y no salió mientras no hubo llegado la señora del mensaje. Después de la misa buscaba algo que se le había perdido.
"¿Qué busca Padre?", le dijo la señora aquella.
"Busco mi solideo y no lo encuentro"
Al fin halló que estaba metido dentro de su hábito.

Mensajes puntuales. Varias personas le preguntaban:
"Padre, ¿ha recibido el mensaje que le enviamos por medio de su Ángel?"
Y él respondió:
"¡Claro que sí!  ¿O es que se imaginan que el Ángel es tan perezoso y olvidadizo como ustedes?"

Mensajes de disgusto. Raquelina Russo fue al convento a hacerle una consulta al Padre Pío y él le mandó decir que ni podía ni quería recibirla ese día. Ella se volvió furiosa a su casa y le dijo al Ángel de la Guarda:
"Por favor, dígale al Padre Pío que estoy muy disgustada por esa manera tan maleducada con la que me ha recibido. Que por el disgusto no comulgaré mañana"
Al poco rato llegó una persona a casa de Raquelina, con un mensaje del Padre Pío:
"Que mañana no comulgue"
Ella quedó como petrificada. Al día siguiente fue al convento, y al encontrarse con el Padre, éste le dijo:
"¿Con que se vale del Ángel de la Guarda como si él fuera un mandadero suyo, para mandarme regaños y desahogar sus rabietas?"
Ella, toda confundida, le dijo:
"Padre, ¿pero es que ha venido el Ángel a traerle mis mensajes?"
"Claro que sí. Pero afortunadamente él no es tan malgeniado como usted"
Buen traductor. Le llegaban cartas en francés, en griego y en alemán, y él sin saber estos idiomas los entendía. Alguien le preguntó cómo hacía, y el santo fraile le respondió con la mayor naturalidad:

"El Ángel de la Guarda me las traduce"

Se le aparecían las almas del purgatorio. En 1926, estando el Padre Pío en su celda, a medianoche vio que llegaba su gran amigo el Padre José Antonio, del cual había oído que estaba muy grave. Le preguntó:

"Pero Padre José, ¿no me habían dicho que estaba muy enfermo?"

El otro le respondió:
"Vengo a decirle que mis males y mis penas ya se acabaron"
Y desapareció. Poco después le llegó la noticia de que el Padre José Antonio había muerto esa noche.

Pidiendo socorro. Una noche de invierno de 1917 estaba el Padre Pío junto al fuego calentándose un poco, cuando de pronto vio que llegaba un anciano y se sentaba a su lado. Le preguntó qué se le ofrecía y el otro respondió:
"Yo soy fulano de tal (y le dijo su nombre). Morí una noche en un incendio en este convento. Estoy en el purgatorio por mis pecados"
El padrecito le prometió que ofrecería por su alma la santa misa y el otro desapareció. Por varios días quedó el Padre Pío sumamente nervioso, y al verlo tan afanado le preguntó el superior las causas de este nerviosismo y él le contó la aparición que había tenido. El superior se fue a la alcaldía y allá encontró un dato: que unos años antes había llegado una noche un pordiosero a pedir hospedaje en el convento, y que se quedó a dormir en un corredor donde había fuego encendido y aquella noche hubo un incendio en el convento y el pordiosero murió asfixiado por el humo.



Un novicio penando. Una noche de 1922 se fue el Padre Pío al coro a rezar, y de pronto oyó un estruendo en el altar. Observó bien que los candeleros habían caído por el suelo. Se acercó y entonces se le presentó un joven religioso y le dijo:
"Yo fui un novicio que era sumamente descuidado en todo lo que era el arreglo del altar, y estoy penando por ello"
El Padre prometió celebrar misas por su alma, y el otro desapareció. Salió el santo religioso temblando de emoción al corredor donde estaban los demás religiosos, y le dijo al Sr. Brumato, que allí estaba:
"Amigo, por favor, vaya al altar y mire qué ha sucedido allí"
El otro fue y encontró los candeleros derribados por el suelo y las velas partidas. El caso impresionó fuertemente a los demás religiosos.


Súplicas del Santo Padre
Juan Pablo II


Enséñanos también a nosotros,
te pedimos, la humildad del corazón
para formar parte de los pequeños del Evangelio,
a quienes el Padre les ha prometido
revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a rezar sin cansarnos nunca,
seguros de que Dios conoce
lo que necesitamos,
antes de que se lo pidamos.

Danos una mirada de fe
capaz de reconocer con prontitud
en los pobres y en los que sufren
el rostro mismo de Jesús.

Apóyanos en la hora del combate
y de la prueba y, si caemos,
haz que experimentemos
la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna
devoción a María,
Madre de Jesús y nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena
hacia la patria bienaventurada,
donde esperamos llegar también nosotros
para contemplar para siempre
la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración pronunciada por San Juan Pablo II en la Misa de canonización del Padre Pío celebrada el 16 de Junio de 2002

domingo, 17 de fevereiro de 2013

Orar con el Padre Pío. “Crucificado sin cruz: los estigmas”

Orar con el Padre Pío




Laureano J. Benítez


Grande-Caballero


EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, 2004, 7 ª edición

(para pedidos de la obra: pulse aquí)

(Otras obras del autor en : http://www.grandecaballero.com)



ÍNDICE DE LA PÁGINA

Índice de la obra
Resumen
Ver un capítulo

Índice

1. - “Ven y sígueme”.

2. - “Sacerdote santo y víctima perfecta.

3. - Una estrella en el camino: María.

4. - Cartas.

5. - “Crucificado sin cruz: Los estigmas”.

6. - Unos dones extraordinarios.

7. - Del Calvario al Tabor: La mística de la Cruz.

8. - “Solo soy un fraile que reza”.

9. - Varón de dolores.

10. - En el confesionario

11. - En brazos de la divina misericordia.

12. - El humor del Padre Pío.

13. - La santa humildad.

14. - La Caridad: El Hospital de Dios.

15. - Los dones del Espíritu Santo.

16. - Muerte y Testimonios.


Resumen de la obra


La obra "Obrar con el padre Pío" recoge los hechos principales de la vida del santo Padre Pío de Pietrelcina, pero no es una biografía convencional, pues está realizada con la intención primordial de recoger sus testimonios, citando sus palabras y pensamientos fundamentales, a manera de una antología donde es el mismo padre Pío quien nos explica su mensaje y sus vivencias. El autor se limita a engarzar e hilvanar con breves comentarios los hechos que protagonizó y las palabras que dijo, presentándolos frecuentemente en forma de anécdotas que pueden proporcionar materiales para la reflexión y la oración.

Estos materiales recogidos se disponen siguiendo un orden más o menos cronológico, que proporciona al libro un carácter biográfico, y se agrupan por temas, los cuales tiene también una estructura que recoge los ámbitos fundamentales de la vida cristiana: la conversión y la llamada, el amor a Cristo, la devoción a María, los carismas y dones sobrenaturales, la vida sacerdotal, la mística de la Cruz, la vida penitencial, la misericordia divina, las virtudes cristianas, la caridad, y el sentido de la muerte.

Editada como obra de bolsillo, su brevedad y sencillez le añaden las características necesarias para que pueda ser usado como un práctico libro de oración y reflexión.



El Padre Pío de Pietrelcina (1887 - 1868), fraile capuchino durante 61 años, es mundialmente conocido porque llevó los estigmas de Cristo durante cincuenta años exactos, siendo el único sacerdote estigmatizado de la historia de la Iglesia, y el que más tiempo llevó los estigmas. Además, fue portador de otros muchos dones místicos (éxtasis, visiones, clarividencia, bilocaciones, olor de santidad y sanaciones milagrosas).

Aunque las gracias sobrenaturales son comunes a muchos santos, en el Padre Pío llama la atención el hecho de que las tuviera todas, en una concentración de carismas única en la historia de la Iglesia. A su extraordinaria personalidad pueden aplicársele con todo propiedad aquellas palabras del evangelio:

“Maestro, sabemos que has sido enviado por Dios, porque nadie puede hacer los milagros que tú haces.”

Los carismas sobrenaturales que suelen acompañar a la santidad son otorgados por Dios de forma gratuita —pues nadie puede merecerlos—, pero no casual. Más bien sucede que esos dones extraordinarios son la señal visible con la que el poder divino quiere poner de relieve las virtudes, no menos extraordinarias, que poseen algunas almas escogidas, con la intención de que los fenómenos milagrosos las resalten, y así los den a conocer.

A pesar de la espectacularidad de los hechos paranormales que protagonizó en su vida, el verdadero carisma de santidad del Padre Pío no radica en ellos, sino en la perfección admirable con la que vivió en su existencia las virtudes cristianas: humildad, paciencia, resignación, abandono, confianza, obediencia, caridad, perdón, etc.

“No son esos dones del Espíritu Santo los que hacen su grandeza, pues como todas las gracias, son dones gratuitos que el Señor distribuye como le place, por el bien de la Iglesia. Su más auténtico timbre de gloria fue su participación en la Cruz... Sufría con Cristo, poniendo con su sufrimiento lo que faltaba a su Pasión.” (Cardenal Lercaro)

“Si hoy Pío de Pietralcina es finalmente beato, no lo debe a los estigmas, la bilocación, las visiones, premoniciones y éxtasis, dones que Dios concede con cuentagotas, fuera del alcance de la mayoría de los mortales, sino por haber practicado –eso sí, en grado heroico– virtudes exigibles a todos los cristianos: la fe, la esperanza, la caridad, la justicia, la fortaleza, la prudencia, la templanza, y ―como religioso consagrado― la pobreza, la castidad y la obediencia.”


El Padre Pío nunca salió de su convento, no escribió libros, no era un teólogo erudito, ni tuvo títulos de dignidad... su existencia fue la de un simple sacerdote que decía misa y confesaba.

"¡Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! ¿Por qué? ¿Quizá porque era filósofo o sabio o tenía medios a disposición?… No, sino porque decía Misa humildemente, confesaba desde la mañana hasta la noche… ¡Era un hombre de oración y sufrimiento!.” (Pablo VI)

La figura extraordinaria del padre Pío es la respuesta divina a unos tiempos difíciles, oscuros, pudiendo decirse que la concentración de virtudes y dones sobrenaturales en su persona es un hecho con el que la divina Providencia quiere hacer una llamada a la conversión en una época marcada por el laicismo y el materialismo, promoviendo esos dones maravillosos con el fin de contrarrestar el poder omnipresente y retador de las sombras que hoy acechan a la humanidad.

"La vida, obra y virtudes de un santo tienen una unidad que expresa el misterio de Cristo. Un santo es el desvelar se del rostro de Cristo para la gente en un cierto momento histórico".

“La misión del Padre Pío fue el sufrimiento por el pecado de los hombres. Quizá si el pecado del mundo no se manifestara en todas direcciones, grave, pesado, opresor, con malicia satánica, su caso habría sido otro, y quizá Dios le hubiera otorgado sus dones místicos sin obligarle a estar medio siglo en la Cruz. Pero no ha sido así: ha sido un signo de Dios.” (Cardenal Siri, en una homilía del cuarto aniversario de su fallecimiento)

El 2 de mayo de 1999, Juan Pablo II ofició la ceremonia de su beatificación en la Plaza de San Pedro. El 16 de junio 2002, fue canonizado.
Hoy en día, más de 6 millones de de peregrinos acuden cada año a visitar su tumba en el convento de san Giovanni Rotondo, donde el sacerdote estigmatizado vivió casi toda su vida de fraile capuchino. Después de el Vaticano, es el lugar cristiano más visitado del mundo.
 
Capítulo 5
“Crucificado sin cruz: los estigmas”
Los años oscuros que pasó en su Pietrelcina natal, sembrados de éxtasis y tormentos interiores, de visiones celestiales y largas enfermedades, constituyen un período de vital importancia, pues durante ese tiempo Dios fue preparándole para la misión y el testimonio que iba a pedirle en el futuro.
A finales de agosto de 1910, es decir, a los pocos días de su ordenación, empieza a sentir los primeros dolores en las manos y en los pies. Aunque al principio eran ocasionales, estos estigmas invisibles se hicieron permanentes más tarde, aunque sin mostrarse al exterior, hasta que el 20 de septiembre de 1918 se hicieron sangrantes y continuos. Estuvo como “un crucificado sin cruz”, participando en los padecimientos de Cristo, durante cincuenta años exactos, ya que los estigmas le desaparecieron el 20 de septiembre de 1968
En la lista de más de 250 estigmatizados reconocidos, donde figuran desde el fundador de su orden, San Francisco, a santos tales como Catalina de Siena, María Magdalena de Pazzi, Gema Galgani, y los casos más recientes de las místicas Anna Katalina Emmerich y Teresa Neumann, es el único sacerdote, y el que más tiempo portó los estigmas.
Esos estigmas eran una gracia que Dios le concedía, pero también eran portadores de un mensaje, de un testimonio para el mundo que apuntaba más allá de la simple constatación de un milagro: recordar los sufrimientos padecidos por Cristo para la salvación del mundo, y defender la eminente dignidad del sacerdocio.
Sin embargo, la gratuidad del don no quiere decir que se le concedieran los estigmas al Padre Pío “por casualidad”: él no había pedido los estigmas en su versión visible y milagrosa, desde luego, pero sí deseaba padecer los mismos sufrimientos de Jesús en el Calvario. como prueba de amor y para salvar almas.
“Desde hace tiempo siento una necesidad, la de ofrecerme al señor como víctima por los pobres pecadores y por las almas del purgatorio. Este deseo ha ido creciendo cada vez más en mi corazón, hasta el punto de que se ha convertido, por así decir, en una fuerte pasión. Ya he hecho varias veces ese ofrecimiento al Señor, presionándole para que vierta sobre mí los castigos que están preparados para los pecadores y las almas del purgatorio, incluso multiplicándolos por cien en mi, con tal de que convierta y salve a los pecadores, y que acoja pronto en el paraíso a las almas del purgatorio.”
Por otra parte, cuando Dios marca a alguien con carismas extraordinarios, los utiliza como “reclamo” para llamar la atención del mundo sobre la vida de esa persona, deseando que la espectacularidad de esos milagros dé a conocer valores y virtudes que podrían correr el riesgo de no ser suficientemente conocidos.
En este sentido, desde el fenómeno de la estigmatización comenzaron a acudir multitudes de peregrinos a San Giovanni Rotondo, hasta que, al cabo de poco tiempo, el capuchino de los estigmas era mundialmente conocido. Entre esas masas de peregrinos el Padre Pío pudo llevar a cabo su tarea de salvar almas, pues muchos de los que acudían atraídos por lo sobrenatural o por pura curiosidad acababan de rodillas a sus pies, en conversiones fulminantes.
Como dijo P. Fidel González, Consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, “en él se verifica exactamente un cambio de marcha: no fue el misionero’ ad gentes’ que se encaminó a evangelizar a los pueblos, sino que una ‘clientela mundial’ iba a buscarlo con auténtica avidez para ser evangelizada.”
**********
La santidad suele ir acompañada muchas veces de gracias sobrenaturales y dones místicos, de los cuales tuvo en abundancia el Padre Pío: estigmas, bilocaciones, clarividencia, curaciones, milagros, éxtasis… Pero el don que siempre está presente en todos ellos es “la santa humildad”, como ellos llaman a esta virtud, que les hace considerarse indignos de los dones que gratuitamente se les conceden, y que les lleva a intentar ocultarlos, por vergüenza. “Tengo que responder ante Dios de este don terrible”, decía, para referirse a que los estigmas eran para él una responsabilidad, más que una recompensa.
“Ayer por la noche me sucedió algo que yo no sé explicar ni comprender. En medio de la palma de las manos apareció un poco de rojo parecido a la forma de la moneda de un céntimo, acompañado también de un dolor fuerte y agudo en esa zona. Igualmente siento un poco de dolor bajo los pies. Este fenómeno se está repitiendo desde hace casi un año. Pero no os preocupéis si es la primera vez que os lo digo: es que he tenido que vencer una maldita vergüenza. Y aún ahora, ¡si supiérais la violencia que he tenido que hacerme para decíroslo! (Carta al padre Benedetto, del 8 de septiembre de 1911)
Quienes, como el P. Pío, se ofrecen como víctimas propiciatorias, buscan el sufrimiento, pero nunca los méritos; nunca rechazan el dolor, pero se resisten a aceptar la gloria que merecerían por su sacrificio. Durante los ocho años que padeció los estigmas invisibles, sólo sus dos directores espirituales estaban al corriente del fenómeno, que sólo menciona ocho veces en su numerosa correspondencia con ellos, y, de ordinario, para responder por obediencia a sus preguntas
“La primera vez que Jesús quiso honrarme con ese favor, los estigmas fueron visibles, especialmente en una mano; después, porque mi alma quedaba bastante aterrada por tal fenómeno, rogué al señor que retirara ese fenómeno visible. Desde entonces ya no ha aparecido; pero, si las heridas han desaparecido, no ha desaparecido el dolor agudo que se deja sentir particularmente en ciertas circunstancias y en días determinados.” (Carta del 10 de octubre de 1915 al padre Agostino).
“Levantaré con fuerza mi voz hasta Él, y no cesaré de suplicarle que, por su misericordia, retire de mí no el desgarramiento ni el dolor, porque lo veo imposible y yo siento deseos de embriagarme de dolor, sino estas señale que me traen una confusión y una humillación indescriptibles e inaguantables.”
El 14 de septiembre de 1915, justo en la fecha de la Exaltación de la Santa Cruz, y en el aniversario de la estigmatización de San Francisco, que tuvo lugar el 14 de septiembre de 1224, los estigmas invisibles se hicieron permanentes.
A unos cien metros, detrás de la granja en que trabajaba la familia Forgione,El P. Pío se había construido una choza de paja para resguardarse de los rayos del sol, donde se refugiaba para estudiar y orar. El 14 de septiembre de 1915, la madre, al advertir que su hijo no llegaba a almorzar, se dirigió a la choza:
—¡Padre Pío! ¡Padre Pío! —le llamó. Después de unos momentos, su hijo salió de la cabaña agitando las manos, como si se las hubiera quemado.
Su madre, de carácter siempre alegre, se sonrió y le dijo:
—¿Qué traes ahora que vienes tocando la guitarra con las dos manos?
—No es nada —contestó el Padre Pío—, dolores insignificantes.
En realidad el Padre Pío acababa de recibir los estigmas invisibles.
“El Padre celestial no deja de hacerme participar de los dolores de su Hijo único, incluso físicamente. Estos dolores son tan agudos, que no es posible describirlos ni imaginarlos. Además, no sé si es falta de fortaleza o si es una falta mía, pero cuando me encuentro en ese estado, lloro sin querer, como un niño.”
Tres años más tarde, los estigmas se hicieron visibles.
“En la mañana del día 20 del mes pasado (septiembre de 1918), en el coro, después de celebrar la santa Misa, fui dominado por un descanso semejante a un dulce sueño. Todos mis sentidos internos, así como las mismas facultades de mi alma, se hallaban en una quietud indescriptible (…)
Mientras me encontraba así, vi ante mí a un curioso personaje, cuyos pies y costado sangraban abundantemente. Su vista me espantó; no sabría decir lo que experimenté en ese momento. Me sentí morir, y habría muerto si el Señor no hubiera intervenido para sostenerme el corazón. El personaje desapareció de mi vista y me di cuenta de que mis manos, mis pies y mi costado estaban taladrados y sangraban abundantemente. Imaginad el suplicio que sentí entonces y que sigo sintiendo continuamente casi todos los días…”
Más tarde, precisará que esas heridas o “flechas luminosas” partieron de las llagas del crucifijo que había en el coro, transformado en un serafín que portaba las llagas de Cristo.
Comienza entonces una sucesión interminable de visitas al estigmatizado por parte de médicos, teólogos y enviados especiales de las autoridades eclesiásticas, para verificar la autenticidad del fenómeno. Como suele ocurrir en estos casos, la fe de la gente sencilla advirtió, mucho antes que la razón y la ciencia de los “expertos”, que aquel fenómeno extraño era una gracia sobrenatural, algo que “olía” a santidad.
Todavía nadie sabía nada de sus heridas cuando, a la mañana siguiente, una penitente del Padre vio que tenía algo raro en las manos. Creyó primeramente que eran heridas corrientes pero, al ver su localización y simetría, entendió que eran estigmas.
Uno de los médicos que le reconocieron nos da el siguiente testimonio:
“Las heridas de las manos sangran ligeramente y casi de continuo. Lavadas con agua clara, los estigmas aparecen como llagas circulares de unos dos centímetros de diámetro, en el centro de la palma. Se ve exactamente el dorso de las manos, por lo cual se trata de auténticas perforaciones. En consecuencia, el Padre no puede nunca cerrar las manos por completo, y como Teresa Neumann, escribe con dificultad. No es posible comprobar la profundidad de las heridas a causa de la película que las recubre. Esta película se desprende con frecuencia y se le forma otra.
Durante el día, el Padre Pío lleva guantes de lana marrón, excepto para la celebración de la Misa, único momento del día en el que las heridas son visibles a los fieles, por más que él se empeñe en ocultarlas empleando las largas mangas de su alba. Por las noches, lleva generalmente guantes de algodón blanco; por la mañana, están empapados de sangre y él mismo los lava en su celda. Sólo por casualidad los Capuchinos son testigos de tales hechos.
También la herida del costado sangra continuamente, más o menos el equivalente a una taza diaria, aunque la sangre sale mezclada con serosidad. Él mismo coloca sobre la llaga un lienzo que sostiene por medio de una banda ancha enrollada en su torso. Los frailes, que nunca tiran esos trozos de género impregnados en sangre, no tienen derecho a distribuir ninguno de sus efectos personales bajo pena de excomunión. Por eso, entrega en manos del Hermano Vicario las gasas manchadas que luego son encerradas bajo llave. Las tiene que renovar dos o tres veces por día.
Las heridas de sus pies son de igual naturaleza y de igual forma que las de sus manos, en el empeine y la planta del pie. La parte inferior esta siempre impregnada de sangre. Su marcha es siempre incierta, lenta, titubeante.”
Más, a pesar de las precauciones, algunas prendas en contacto con los estigmas llegan a poder de los fieles, que las tratan como auténticas reliquias milagrosas. Lo cual no deja de tener sus razones…
Monseñor Damiani, prelado uruguayo, logró uno de los guantes del Padre Pío en su visita a San Giovanni, con la intención de curar a su hermana, gravemente enferma de un cáncer de estómago, que le impedía ingerir ningún alimento, y de una lesión en la aorta. De vuelta a Montevideo, colocó el guante sobre el estomago, garganta y cuello de la moribunda, que inmediatamente cayó en un profundo sueño. Al despertar, la paciente contó que el Padre Pío había estado soplando sobre ella mientras rezaba. Esto ocurrió en noviembre de 1921.
Pero el capuchino estigmatizado todavía portaba un estigma invisible, una herida interna que no sangraba, que no se mostraba a la luz, pero que era mucho más profunda que las llagas externas. En la mística se la conoce con el nombre de “herida de amor”, o “dardo de fuego”, una prueba común en muchos santos, que el Padre sufrió —otra coincidencia— en la víspera de la fiesta de la Transfiguración (5 de agosto de 1918)
“Sí, mi alma está herida de amor a Jesús; estoy enfermo de amor; siento de continuo el dolor amargo de ese fuego que quema sin consumir.”
“Estaba confesando a nuestros muchachos la tarde del 5, cuando de pronto fui lleno de un terror extremado a la vista de un personaje celestial, que se presentó ante los ojos de mi inteligencia. Tenía en la mano una especie de instrumento, parecido a una hoja de hierro muy larga con la punta afilada, que parecía que acababa de salir del fuego.
Ver todo esto y observar que ese personaje lanzaba con toda violencia ese instrumento contra mi alma, fue todo uno. Apenas si lancé un lamento, y me sentí morir. Ese martirio duró sin interrupción hasta el 7. No puedo decir lo que sufrí durante ese tiempo tan doloroso. Incluso creía que mis entrañas iban a ser arrancadas y extraídas por ese instrumento. Desde ese día estoy herido de muerte. Siento en lo más íntimo de mi alma una herida siempre abierta, que me hace sufrir de continuo.”
En cierto sentido, todos los creyentes estamos estigmatizados, pues llevamos indeleblemente marcada en el corazón la presencia del Espíritu Santo, como una llaga que demuestra el amor que Dios nos tiene, y que nos hace “a imagen y semejanza de Él.” Tito Paolo Zecca, padre pasionista, afirma:
“En el misterio de la resurrección de Jesús, el Evangelio muestra cómo no han quedado canceladas sus llagas. En el Evangelio de Juan, cuando Jesús entra en el Cenáculo con las puertas cerradas y saluda a los discípulos, muestra los estigmas para identificarse. A santo Tomás le dice: “Mete tu dedo en mi costado.” Este fenómeno muestra la eficacia de la salvación de Cristo en la Cruz y permanece de manera particular en el signo de los estigmas, convirtiéndose en un dato distintivo de la eficacia redentora y salvadora de la fe.
¿Por qué da el Señor esta ‘gracia’ a ciertas personas? La respuesta está precisamente en su misión. Es un servicio que la Iglesia necesita en un momento particular de su historia. Es como un signo profético, un llamamiento, un dato sorprendente capaz de recordar a los hombres las cosas esenciales, es decir, la conformación con Cristo y la salvación de Cristo, que con sus llagas nos ha rescatado.
En cierto sentido, todos nosotros llevamos los estigmas, pues con el bautismo estamos sumergidos en la vida de Cristo, que nos permite participar en el misterio pascual de su muerte y resurrección. En su pequeñez, cada uno de nosotros lleva los estigmas. Si los lleva con espíritu de fe, esperanza, valentía y fortaleza, estas llagas, que pueden ser purulentas y que no cicatrizan nunca, pueden servir para curar a los demás.
En definitiva, los estigmas representan la aceptación consciente de la Cruz vivida espiritualmente’.
El día 20 de septiembre de 1968, a los cincuenta años exactos de su aparición, le fueron retirados los estigmas. Dos días después, el Padre Pío entregaba su alma a Dios.
En el cuarto aniversario de la muerte del Padre Pío, el cardenal Siri definió así su misión: “El sufrimiento por el pecado de los hombres. Quizá si el pecado del mundo no se manifestara en todas direcciones, grave, pesado, opresor, con malicia satánica, su caso habría sido otro, y quizá Dios le hubiera otorgado sus dones místicos sin obligarle a estar medio siglo en la Cruz. Pero no ha sido así: ha sido un signo de Dios.”



 
Novena al Sagrado Corazón de Jesús recitada diariamente por San Pío de Pietrelcina por todos aquellos que le solicitaban sus oraciones.


I.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: "En verdad os digo, pedid y obtendréis, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán”.
He ahí que, confiando en tu Palabra divina, yo llamo, yo busco, yo pido la gracia......
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti.

II.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: "En verdad os digo, todo aquello que pediréis a mi Padre en mi Nombre, El os lo concederá”. He ahí que al eterno Padre en tu Nombre yo pido la gracia.......

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti.

III.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: " En verdad os digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás”.
He ahí que basándome en la infalibilidad de tus santas palabras yo pido la gracia......

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti.

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús, el cual es imposible no sentir compasión por los infelices, ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que pedimos en nombre del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre, San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

(Rezar Dios te salve...)

He aquí que llamo busco y pido la gracia de.......................

Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

Oración:

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús!, solamente una cosa se os ha de ser imposible y eso consiste en no tener compasión de los afligidos. Ten piedad de nosotros miserables pecadores y conceded la gracia que os pedimos, mediante el Doloroso e Inmaculado Corazón de María, Vuestra tierna Madre, y nuestra Madre compasiva.

Rezad “La Salve” y añádase la siguiente jaculatoria: San José, Padre Guardián de Jesús, rogad por nosotros.

* * *


Novena al Padre Pio de Pietrelcina



1° Día

Amadísimo Padre San Pío de Pietrelcina, tú que has llevado sobre tu cuerpo los estigmas de Nuestro Dios Jesucristo. Tú que también has llevado la Cruz por todos nosotros, soportando los sufrimientos físicos y morales que te flagelaron continuamente el alma y el cuerpo, en un doloroso martirio. Te rogamos, intercedas ante Dios Todopoderoso para que cada uno de nosotros sepa aceptar las pequeñas y grandes Cruces de la vida, transformando cada individual sufrimiento en un seguro vínculo que nos ata a la Vida Eterna.

"Conviene acostumbrarse a los sufrimientos que Jesús os manda. Jesús que no puede soportar veros sufrir, vendrá a solicitaros y a confortaros, infundiendo nuevo ánimo en vuestro espíritu". Padre Pio




2° Día

Santísimo Padre San Pio de Pietrelcina, tú que te encuentras cerca de nuestro amadísimo Padre Dios Jesucristo, y has tenido la santidad y resistencia en las tentaciones del maligno. Tú que has sido golpeado por los demonios del infierno que quisieron convencerte a abandonar tu camino de santidad. Ruega a Dios por nosotros, para que con tu ayuda y con la de Nuestro Señor, encontremos la fortaleza espiritual para renunciar al pecado y para conservar la fe hasta el día de nuestra muerte.

"Ánimo y no temas la ira de Lucifer. Recordad siempre: qué es una buen señal cuando el enemigo se agita y ruge alrededor vuestro, ya que èsto demuestra que él no está dentro de tì". Padre Pio




3° Día

Virtuosísimo Padre San Pío de Pietrelcina, tú que has querido muchísimo a Nuestra Señora; y que cada día te concedió gracias y consuelos solamente por ELLA alcanzables. A la Virgen Santa, te suplicamos ruegues y pongas en Sus manos nuestros pecados y nuestras frías oraciones, para que como en Canà de Galilea, el Hijo le conceda a la Madre; y ya nuestro nombre será escrito en el Libro de la Vida.

"María sea la estrella que os alumbre el camino, os enseñe la calle segura para ir al Padre Celestial; Ella sea el asidero firme que tengáis, para que os conservéis cada vez más unidos estrechamente en el tiempo de la prueba ". Padre Pio




4° Día

Castísimo Padre San Pío de Pietrelcina; que tanto amastes y nos enseñastes a amar al Santo Ángel de la Guarda; el que te sirvió de compañía, de guía, de defensor y de mensajero. A ti las Figuras Angélicas llevaron los ruegos de tus hijos espirituales. Intercede cerca de Dios para que también nosotros aprendamos a hablar con nuestro Ángel de la Guarda, para que en todo momento sepamos obedecerle, pues es la luz viva de Dios que nos evita la desgracia de caer en pecado. Nuestro Ángel siempre está listo a señalarnos el camino del bien y a disuadirnos de hacer el mal.

"Invoca a tu Ángel de la Guarda, que te iluminará y te conducirá. Dios te lo ha dado por este motivo. Por tanto válete de él". Padre Pio




5° Día

Prudentísimo Padre San Pío de Pietrelcina. Tú que tanto amas y nos enseñastes a amar a las Almas del Purgatorio; por las que te has ofrecido como víctima que expió sus penas. Ruega a Dios Nuestro Señor, para que ponga en nuestros corazones sentimientos de compasión y amor por estas almas. También nosotros ayudaremos a las Almas del Purgatorio y reduciremos sus tiempos de destierro y de gran aflicción. Ganaremos para Ellas, con sacrificios y oración, el descanso eterno de sus almas; y las santas Indulgencias necesarias para sacarlas del lugar del sufrimiento.

"Oh Señor, Padre Jesucristo; te suplico viertas sobre mí, todos los castigos que son para los pecadores y las ánimas benditas del purgatorio; multiplica sobre mí los sufrimientos, conque conviertes y salvas a los pecadores, y lìbralos pronto del tormento del purgatorio ". Padre Pio




6° Día

Obedientísimo Padre San Pío de Pietrelcina. Tú, que has querido tanto a los enfermos; más que a tì mismo porque en ellos vistes a Jesús. Tú, que en el nombre de Dios has obrado Milagros de sanaciòn en el cuerpo, en el alma, y en la mente, en el presente, en el pasado y en el futuro de las personas; devolviendo esperanza de vida y renovación del espíritu, y en la integridad total de las personas. Ruega a Dios para que todos los enfermos; por intercesión de Maria Santísima, puedan experimentar tu potente ayuda y a través de la sanaciòn de su cuerpo encontrar beneficios espirituales y agradecer para siempre a Dios.

"Si yo sé que una persona está afligida, sea en el alma o en el cuerpo, suplicaría a Dios para verla libre de sus males. De buena gana yo tomaría todos sus sufrimientos para verla salvada y cedería los frutos de tales sufrimientos en su favor". Padre Pio




7° Día

Benditìsimo Padre San Pio de Pietrelcina. Tú que has realizado el proyecto de salvación de Dios y has ofrecido tus sufrimientos para desatar a los pecadores de las riendas de Satanás. Ruega a Dios para que los hombres, que no creen, tengan una gran y verdadera fe y se conviertan; arrepintiéndose en lo profundo de su corazón; y que las personas con poca fe mejoren su vida cristiana; y que los hombres justos continúen sobre el camino de la salvación.

"Si el pobre mundo pudiera ver la belleza del alma sin pecado, todos los pecadores, todos los incrédulos se convertirían al instante." Padre Pio




8° Día

Purísimo Padre San Pío de Pietrelcina, Tú que has querido mucho a tus hijos espirituales. Muchos de tus hijos han sido comprados por ti con el precio de tu sangre. También nos concedes a los que no te hemos conocido personalmente, de considerarnos como tus hijos espirituales. Con tu paternal protección, con tu santa guía y con la fortaleza que conseguirás para nosotros de Dios, podremos, en el momento de la muerte, encontrarte en las puertas del Paraíso, en espera de nuestra llegada.

"Si me fuera posible, querría conseguir de Dios solamente una cosa;"si me dijera: "Vas al Paraíso" querría conseguir esta gracia: "Señor, no me dejéis ir al Paraíso hasta que el ultimo de mis hijos; la última de las personas que me han sido confiadas, haya entrado antes que Yo." Padre Pio




9° Día

Humildísimo Padre San Pío de Pietrelcina, Tú que has verdaderamente amado a la Santa Madre Iglesia. Ruega a Dios, nuestro Señor, al Señor de la Mies para que mande obreros a Su Mies, y regalos a cada uno de ellos; de manera que llenando el mundo de sacerdotes santos; obtengan la fuerza y la inspiración de Dios. Además te rogamos interceder ante la Santísima Siempre Virgen María; para que conduzcas a todos los hombres hacia la unidad de los cristianos, reuniéndolos en la gran casa de Dios; para que la Iglesia sea el faro de luz y salvación en el mar de tempestad que es la vida.

"Siempre mantente unido a la Santa Iglesia Católica, porque sólo ella puede salvarte, porque sólo ella posee a Jesús Sacramentado, que es el verdadero príncipe de la paz. Fuera de la Iglesia Católica, no hay salvación, ella te da el bautismo, el perdón de los pecados, el Cuerpo, la sangre, el Alma, y la Divinidad de Jesucristo, concediéndote por tanto la vida eterna; y todos los santos sacramentos para llevar una vida de santidad. Padre Pio





 
http://www.grandecaballero.com/padre_pio.htm